Cada 8 de marzo las calles se llenan de nombres, carteles e historias. Algunas vienen de lejos: de mujeres que marcharon cuando votar era impensable, cuando estudiar era un privilegio, cuando el trabajo tenia un techo invisible. Otras historias más recientes son igual de urgentes: educación sexual integral, aborto legal, femicidios, brecha salarial. Pero ¿dónde encontramos ejemplos de estas historias? Basta con mirar dentro de tu círculo de mujeres más cercano para encontrar al menos uno para cada uno de los puntos mencionados.
Soy la mayor de cuatro hermanas. Tengo muchas amigas. Todas son trabajadoras y profesionales: tres médicas, dos psicólogas, dos licenciadas en recursos humanos, una arquitecta, una ingeniera, dos docentes, una licenciada en educación, seis traductoras, dos licenciadas en relaciones institucionales y exteriores, una gastronómica, una comercial, una de finanzas. Todas votamos, accedimos a estudiar y formarnos, viajamos, manejamos y somos privilegiadas en muchos sentidos. Al menos cuatro sufrieron violencia de género o económica o ambas, alrededor de cinco sufrieron una perdida gestacional, otras tres decidieron abortar, una fue madre soltera, cerca de diez son madres por elección, cuatro se habrán quedado sin trabajo alguna vez en la vida, la mayoría de las que son madres han sacrificado trabajo o salario para cuidar. Si no te dan las cuentas es porque muchas han pasado más de una de las situaciones mencionadas.
Los números importan y mucho, y los pueden encontrar en muchos sitios oficiales. Las de arriba son mis propias estadísticas, las que me rodean y acompañan, a quienes admiro y de las que aprendo, y por las que sigo eligiendo luchar.


