A mí que estaba desacostumbrada a la mirada dulce
y a que me pidan permiso
me preguntaste si podías darme un beso
y fue de las preguntas más tiernas que me hicieron.
Te concedí el honor con un abrazo que resulto eterno
en el medio de tu cocina.
¿Te conozco de verdad? ¿Llegaré a conocerte algún día?
Tus inquietudes tempranas me hicieron reír.
Siempre nos reíamos,
juntos.
Me insinúas que nos desnudemos.
Bajo la guardia, me quito la remera como toda respuesta
y te dejo hacer el resto sin dudarlo,
¿Acaso no lo habíamos hecho las veces anteriores?
Me saco todo,
todo, excepto la armadura.
Esta vez es diferente, me prometes con tu mirada antes de abrir fuego y caer en la emboscada del deseo.
Es un reencuentro de almas.
Me susurraste al oído con todo detalle cómo se me transforma la cara cuando me rindo al placer.
A vos que tenes acceso a una cara mía que yo misma desconozco,
no me queda otra que firmarte la paz.
A mi que me cuesta mirar a los ojos por miedo a que descubran mis sentimientos
me dejo reflejar en tu mirada avellana.
Quizá ese sea el rostro de la profundidad
y hasta ahora solo sean tus ojos el espejo
donde me pude reflejar.
A cambio como prueba de fe,
te leí lo que escribo.
Pues ese tal vez
sea el acto más íntimo de confianza
y demostración
ante semejante mar de intensidad.
Más valioso que dejarte invadir mi territorio
que bailemos en el medio del living,
mientras improvisamos un karaoke capaz de despertar a cualquier vecino.
A mi que aun hoy me cuesta hacer un espacio en mi cama,
permitirte que respires mi cuerpo
e incluso dormir en tu presencia;
más que compartirte mi tiempo,
darte un abrazo o la mano
cuando vamos caminando por este campo de batalla minado
sin destino seguro
peo con la certeza perpetua
que las preguntas solo se desandan andando.
A mi que la armadura ya no me entra
porque supe quitármela a tiempo
rendirme al deseo
y reir
una vez más reír .
A vos te sugiero
que ante cualquier pregunta pendiente
la respuesta sea solo complicidad.
Ojalá que seas el torbellino capaz de hacer caer un imperio.
Y el soldado que me cuide la retaguardia.
Ojalá
tu refugio quede en mí misma trinchera
y sepas rendirte en la misma batalla .


