Le pregunté al Chat GPT qué es el sindrome del impostor y su no respuesta fue la mejor respuesta.
Hace un tiempo que siento que padezco de “síndrome del impostor”; en el trabajo con un reconocimiento y ascenso que no se da hace al menos dos años incluso después de haber ejercido un rol para el cual no se me capacitó y aun así lo desempeñé de manera bastante satisfactoria. Aunque el más importante, me pasa al momento de sentarme a escribir. Se me ocurren ideas que en principio creo que son originales y pueden captar el interés de otros, y las desarrollo en mi cabeza, pero al momento de sentarme a escribirlas creo que no son lo suficientemente atractivas para el otro. Y es en este punto que se me disparan preguntas de las más diversas: ¿quién es el otro? ¿por qué le tendría que atraer mi propuesta? ¿por qué creo que a nadie le interesaría? ¿según quién lo que tengo para decir es deficiente de contenido? ¿qué es interesante para mi y por qué según yo no sería interesante para alguien más? Las respuestas son variadas, está el ángel y el diablito que responden en simultaneo y todavía no logré descifrar quién tiene razón porque quizá ambos tengan algo de razón. Quizá lo que escribo sea una porquería para algunos mientras que otros se identifiquen con mis historias, se den permiso para sentir, encuentren claridad, consuelo, belleza, sensibilidad, experimenten algún tipo de emoción, genere curiosidad sobre un nuevo tema. ¿Por qué siento esto? Siento que no es una impostora de incapacidad sino de exposición. Comunicar y contar implica abrirse, dejar que se revelen valores propios y miserias. Y a mi mostrarme vulnerable me cuesta horrores porque llegué a la conclusión de que incluso hasta la idea más firme puede ser vulnerada. Entonces alguno —que le interese o se identifique con esta reflexión—se preguntará por qué carajo comparto esto hoy: primero porque estoy poseída por este síndrome y no me salió escribir otra cosa; segundo porque tal vez del otro lado a alguien le ocurre lo mismo en otra área de su vida, trabajo, profesión, pasión, o en algún rol como mapadres, hijos, hermanos, amigos y necesite ponerle un nombre a eso que siente; tercero porque leí una crónica de Leila Guerriero que lejos de identificarme por completo activó un recuerdo y despertó una emoción que me tuvo 15 minutos en lágrimas para finalmente hacerme llegar a la conclusión que, aun mediante una parte de ese texto, ella como escritora tuvo el poder de movilizar una parte de mi Ser. Así que solo por eso vale la pena compartir y quién sabe tal vez sanar esta etapa.


